PERSPECTIVAS: La crisis italiana

Fidelity nos da su visión sobre la actual crisis italiana

Fernando Luque 11/11/2011

Los costes de endeudamiento italianos se aproximan al punto de ruptura. La rentabilidad de los bonos italianos a diez años ha superado el 7%, un nivel considerado insostenible. Portugal, Grecia e Irlanda tuvieron que solicitar un rescate cuando sus costes de endeudamiento sobrepasaron dicho nivel.

Con el tercer mercado de deuda pública más grande del mundo y más de 300.000 millones de euros de deuda con vencimiento en el año 2012, Italia se considera "demasiado grande para caer" (too big to fail).

La situación se agravó cuando la cámara de compensación LCH Clearnet, en un intento de cubrir el creciente riesgo de impago, aumentó los márgenes exigidos para negociar títulos de deuda pública italiana.

Se prevé que, a finales de año, la deuda bruta italiana supere los 1,9 billones de euros, lo que supondría una deuda 2,7 veces superior a la deuda conjunta de Grecia, Irlanda y Portugal. Si multiplicamos por 2,7 el coste de rescate de estos países, que ascendió aproximadamente a 512.000 millones de euros*, Italia necesitaría un enorme paquete de rescate de 1,4 billones de euros.

En la actualidad, el fondo europeo de rescate EFSF asciende a 440.000 millones de euros, lo que resultaría insuficiente, por lo que es posible que los planes de apalancar el EFSF a un billón de euros deban aumentarse hasta, al menos, los dos billones.

El BCE debe actuar

La mayoría de los expertos consideran que solo el BCE tiene la capacidad suficiente para resolver este asunto. Sin embargo, el BCE no está obligado a actuar como prestamista de último recurso.

El problema es que el tratado de la eurozona no lo admite: el artículo 101 prohíbe al BCE ofrecer créditos a los gobiernos y el 103 sostiene que la eurozona no debería responsabilizarse de la deuda de los estados miembros.

Convertirse en el prestamista de último recurso de un país constituye un gran riesgo moral. Es distinto a hacerlo con un banco: al menos estos ofrecen algún tipo de garantía de buena calidad.

En pocas palabras

Aun en el caso de que se logre controlar el coste de endeudamiento de Italia, la perspectiva de crecimiento económico sigue siendo excesivamente débil: el FMI ha previsto un crecimiento del PIB del 0,6% para Italia en el año 2011, pero el crecimiento anual del PIB tendrá que ajustarse a los costes de endeudamiento para que el enorme ratio de deuda pública sobre PIB (120%) no continúe aumentando.

Para poder impulsar el crecimiento económico de una manera sostenible, Italia deberá recuperar su competitividad exterior, promesa que el acorralado primer ministro del país, Silvio Berlusconi, no ha conseguido cumplir en los últimos diez años.

La dimisión de Berlusconi debe traer consigo la formación de un nuevo gobierno que pueda impulsar las reformas estructurales que Italia necesita.

En los últimos días, la actividad del mercado se parece de manera cada vez más preocupante a los anteriores episodios de rescate. Cuando la rentabilidad de la deuda griega e irlandesa superó el 7%, siguió aumentando de manera exponencial. El tiempo apremia.

Algunos bancos han comenzado a anunciar una reducción de sus posiciones en la deuda italiana para tranquilizar a los mercados sobre su propia situación. En consecuencia, todos los acreedores italianos están sometidos a presión para vender, lo que provoca que las presiones del mercado se retroalimenten.

Muchos opinan que una postura más valiente por parte del BCE podría ayudar a calmar los mercados, al ampliar las compras de deuda pública italiana hasta niveles ilimitados.

Pero las compras de cantidades ilimitadas de deuda no resultaron eficaces en el caso de Grecia y existen dudas acerca de si el BCE está obligado a actuar en este sentido.

Alberto Chiandetti, renta variable italiana.

"Es muy importante acabar con la incertidumbre que supone un gobierno débil. Así, la dimisión del primer ministro, Silvio Berlusconi, constituye un paso esencial para seguir adelante. Ahora debemos centrarnos en el corto plazo. La solución preferida por el mercado sería un gobierno tecnocrático de coalición que fuera capaz de ofrecer una mayor credibilidad en relación con la aprobación de reformas y medidas fiscales duras, pero necesarias. Por otro lado, la convocatoria anticipada de elecciones supondría una nueva pérdida de tiempo, ya que tendrían que transcurrir otros tres meses hasta que las elecciones pudieran celebrarse. En la actualidad no existe una mayoría clara (ni de derechas ni de izquierdas), por lo que esta falta de cohesión debilitaría desde un primer momento a un gobierno electo, debido a la enorme división de ideas y opiniones fundamentales existente entre los partidos".

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Sobre el Autor

Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es