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Perspectivas: Vulnerabilidad de los países de la zona euro

La gestora belga Petercam analiza en este artículo la vulnerabilidad de los países de la eurozona 

External Writer 20/09/2012

Durante la eurocrisis, tanto los mercados como los inversores han tratado de evaluar la vulnerabilidad de los Estados miembros de la Unión Económica y Monetaria. En esencia, dicha vulnerabilidad está relacionada con la probabilidad de que un país no logre servir sus obligaciones de deuda, ya sea por impago directo, por devaluación o por inflación. En un principio, esa evaluación se basaba en información bastante incompleta. En las primeras fases de la crisis la atención se centraba fundamentalmente en la deuda pública. A raíz de ello, durante algún tiempo se consideró que Italia era más vulnerable que España, y en algunos círculos se describía a Bélgica como la “Grecia del mar del Norte”. Durante el último año ha quedado patente que basar las evaluaciones únicamente en la deuda pública era un enfoque demasiado estrecho de miras. La vulnerabilidad de un país viene determinada por una amplia variedad de factores. En este artículo, presentamos una evaluación básica y concisa de la vulnerabilidad de los países de la zona euro que pretende tener en cuenta todos los factores pertinentes. La clave radica en combinar esos factores en un indicador compuesto. Lo que se obtiene es una clasificación de la vulnerabilidad de los países que se puede comparar con la evaluación del mercado. Este tipo de ejercicio volverá a ocupar un primer plano a medida que Grecia vaya acercándose cada vez más a su salida del euro en los próximos meses. No cabe la menor duda de que volverá a surgir la pregunta de quién es el siguiente.

Básicamente, existe un espectro casi ilimitado de factores con potencial para influir en la vulnerabilidad de un país: deuda pública, deuda del sector privado, la situación del sector bancario, el contexto institucional de una economía, el potencial de crecimiento… Todos estos factores se pueden combinar en tres grupos principales: la posición global de la deuda y la capacidad para hacer frente a dicha deuda, tanto a corto como a largo plazo.

  1. Posición global de la deuda: la deuda del sector privado es tan importante como la deuda pública, y tiene tendencia a convertirse en deuda pública cuando aumenta la presión. Además, las posiciones de deuda pueden compensarse mediante activos. En ese caso, el mejor método para valorar la posición global de la deuda neta de un país es la posición de inversión internacional neta (NIIP, por sus siglas en inglés). En concreto, muestra la deuda neta de un país en comparación con el resto del mundo.
  2. Capacidad a corto plazo para hacer frente a la deuda: se mide en función de la necesidad de financiación externa y la posición cíclica de la economía.
    • Cuenta corriente: determina la dinámica de la posición global de la deuda. El hecho de que un país tenga un déficit por cuenta corriente significa que su deuda externa neta crece.
    • Diferencial de producción: indica la posición cíclica de una economía. Dicho de modo sencillo, durante una recesión resultará más difícil servir la deuda, mientras que en periodos de expansión es mucho más sencillo.
  3. Perspectiva a más largo plazo: viene determinada por toda una variedad de factores institucionales y estructurales, que conforman las expectativas a largo plazo para una economía. En ella se incluyen aspectos como la educación, el contexto institucional, el capital cívico, etc. La mejor forma para medirla es emplear indicadores de competitividad generales, como el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, el Informe de Competitividad Mundial del International Institute for Management Development (IMD) y el índice de facilidad para hacer negocios del Banco Mundial.

 

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