Prepárese para un escenario de bajos retornos

¿Está usted preparado para obtener bajas rentabilidades con sus fondos mutuos?

Fernando Luque 23/11/2010
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De todos los escenarios que puede, o mejor dicho, que debe contemplar el inversor o el asesor financiero de cara a la planificación de las carteras de inversión a largo plazo hay uno al que a mi juicio hay que atribuirle una mayor probabilidad de que ocurra, me refiero a un escenario de bajas rentabilidades (o, por lo menos inferiores a las medias históricas de largo plazo) tanto para la renta fija como para la renta variable.

El razonamiento que hay detrás de este escenario financiero reposa, evidentemente, sobre la elevada probabilidad de que las economías mundiales muestren crecimientos económicos muy bajos en los próximos años (prácticamente todos los analistas coinciden en este pronóstico). Pero el hecho de que muy posiblemente tengamos que convivir en un entorno de bajas rentabilidades también tiene su fundamento en dos circunstancias que caracterizan a los mercados actuales. La primera de ella afecta directamente a la rentabilidad futura de la renta fija y tiene que ver con los bajos niveles que muestran hoy en día los tipos de interés (en niveles históricamente bajos, podríamos decir).

La segunda circunstancia afecta a la rentabilidad futura de renta variable y está relacionada con la baja rentabilidad por dividendo del mercado en su conjunto (la rentabilidad por dividendo del índice americano S&P 500 apenas alcanza el 2%, aunque evidentemente hay compañías que tienen una rentabilidad por dividendo bastante más alta). El hecho es que históricamente (por lo menos si tomamos como referencia los últimos 40 años) el nivel de los cupones de los títulos de renta fija y el nivel de los dividendos pagados por las acciones ha supuesto una parte importante de la rentabilidad de estos dos tipos de activos. En el caso de la renta fija, en los últimos 40 años casi el 90% de la rentabilidad de los bonos proviene de los cupones y apenas un 10% de las ganancias de capital procedentes de las bajadas de tipos.

En cuanto a las acciones otro factor a tener en cuenta es el nivel de valoración del mercado (el ratio PER o precio sobre beneficios). Esa valoración puede experimentar variaciones (al alza o a la baja) que afectarán (negativamente o positivamente respectivamente) a la rentabilidad final de la bolsa. El problema es que en la actualidad es difícil justificar que los mercados de acciones estén baratos (el nivel de PER del S&P 500 se sitúa en torno a 20). Como mucho están en niveles “justos”, ni muy caros ni muy baratos. Por lo tanto si la rentabilidad por dividendo es baja y los niveles de valoraciones no demasiado atractivos es probable que en la próxima década la rentabilidad futura de la renta variable se quede por debajo de la media histórica.

¿Qué puede hacer el inversor particular ante tal panorama?

Primero es importante considerar el escenario de bajas rentabilidades descrito en las líneas anteriores como uno de los escenarios posibles, no como el único. En ese contexto la mejor estrategia consiste en una adecuada diversificación. No podemos, por ejemplo, asumir que vamos a vivir en entorno deflacionario y apostar agresivamente por fondos de renta fija de largo plazo. Si al final los niveles de inflación repuntan podemos experimentar fuertes pérdidas en nuestra cartera.

Otra estrategia interesante de cara a un escenario de bajas rentabilidades es invertir en activos alternativos, pero que sean realmente alternativos, es decir que proporcionen al inversor una rentabilidad-riesgo positiva y una baja correlación con loa activos tradicionales de renta variable y renta fija. El problema es que muchos activos considerados como “alternativos” (como las estrategias long-short que toman posiciones largas y cortas, alcistas y bajistas al mismo tiempo, el inmobiliario o las materias primas) han mostrado durante esta última crisis una elevada correlación con los activos tradicionales y en muchos casos un peor comportamiento.

En cuanto a la renta variable, lo racional sería invertir en los países que más van a crecer en el futuro (nadie duda, hoy en día, que los países emergentes presentarán un mayor crecimiento económico que los países desarrollados), pero el comportamiento de los mercados emergentes frente a los mercados desarrollados desde el estallido de la crisis no ha sido significativamente más positivo. También existe el convencimiento de que si vamos a vivir una época de bajas rentabilidades, entonces lo razonable sería invertir en fondos de alta rentabilidad por dividendo, pero aquí también la evolución reciente de los mercados nos muestra que este tipo de fondos no ha comportado excesivamente mejor que los demás. Ante tal incertidumbre no hay otra respuesta que diversificar, diversificar y diversificar.

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Sobre el Autor

Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es

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