Curso sobre invertir en acciones: Lección 5

En esta clase examinamos cómo las compañías devuelven el dinero a sus accionistas 

Fernando Luque 30/07/2013

Es importante recordar una vez más que cuando uno compra una acción, en realidad se convierte en propietario de una parte de la compañía. Ser propietario implica entender los fundamentos financieros de cualquier negocio y este curso pretender ofrecer una pequeña introducción a este asunto.

El objetivo principal de una empresa es tomar el dinero de los inversionistas (sus acreedores y accionistas) y generar ganancias con sus inversiones. Los acreedores y accionistas asumen diferentes riesgos con sus inversiones, y por lo tanto tienen diferentes posibilidades de retorno. Los acreedores tienen menos riesgo y por ello reciben un rendimiento fijo, independientemente de la actuación de la empresa (a menos que la firma vaya a la quiebra). Los accionistas asumen todos los riesgos de ser propietarios  y su rentabilidad va a depender del rendimiento empresarial subyacente de la empresa. Cuando las empresas generan muchos beneficios, los accionistas pueden beneficiarse al máximo.

Como hemos vimos anteriormente, los inversionistas tienen muchas opciones sobre dónde invertir su dinero: pueden colocar su dinero en depósitos, en bonos del Estado, en acciones o en otros vehículos de inversión. En cada una de estas opciones, los inversionistas esperan conseguir una rentabilidad para su inversión. Los inversionistas invierten en acciones esperando que las compañías creen valor con el dinero invertido.

El dinero entra y sale

Las empresas necesitan dinero para operar y hacer crecer sus negocios con el fin de generar ingresos para sus inversionistas. Estos ponen el dinero – el capital - en una empresa, y entonces es responsabilidad de la empresa crear más dinero – los beneficios - para estos inversionistas. La proporción entre los beneficios y el capital se denomina rentabilidad sobre el capital. Es importante recordar que el nivel absoluto de beneficios es menos importante que el beneficio como un porcentaje sobre el capital invertido.

Por ejemplo, una empresa puede obtener 1.000 millones de dólares de beneficios en un año determinado, pero puede haber tomado 20.000 millones en capital para hacerlo, obteniendo por lo tanto una rentabilidad sobre el capital bastante escasa (del 5%).  Esta empresa en particular no es excesivamente rentable. Otra empresa puede generar 100 millones de dólares en ganancias, pero con sólo 500 millones para hacerlo, lo que supone un retorno sobre el capital del 20%. Esta empresa es altamente rentable. Un retorno sobre el capital del 20% significa que por cada dólar que los inversionistas han puesto en la empresa, la empresa genera 20 céntimos por año.

Los dos tipos de capital

Antes de analizar más a fondo la rentabilidad sobre el capital, es importante distinguir entre los dos tipos de capital. Como hemos mencionado anteriormente, hay dos tipos de inversionistas que invierten capital en una empresa: los acreedores ("prestamistas") y los accionistas ("propietarios"). Los acreedores proporcionan a la empresa capital en forma de recursos ajenos (deuda) y los accionistas proporcionan capital en forma de recursos propios (acciones).

Los acreedores suelen ser bancos, tenedores de bonos y proveedores. Prestan dinero a las empresas a cambio de una retribución fija generalmente en forma de pagos de intereses. Por su parte las empresas también se comprometen a devolver esos préstamos.

El tipo de interés será más alto que el tipo de interés de los bonos del gobierno, porque las empresas habitualmente tienen un mayor riesgo de incumplimiento en sus pagos de intereses y en la devolución del principal. Los prestamistas generalmente requieren una rentabilidad sobre sus préstamos que es proporcional a los riesgos asociados por la empresa. Por lo tanto, una compañía con un negocio arriesgado tendrá que pagar mayores intereses que una empresa estable.

Los accionistas que suministran capital propio a las empresas suelen ser bancos, fondos e inversionistas privados. Estos proporcionan dinero a una empresa a cambio de una participación en el negocio. A diferencia de los acreedores, los accionistas no reciben una retribución fija por su inversión, ya que son dueños de parte de la empresa. Cuando una empresa vende acciones al público (cuando cotiza en bolsa), está en realidad vendiendo una participación en la propiedad de la propia compañía y no una promesa de pagar una cantidad fija cada año.

Los accionistas tienen derecho a los beneficios, si los hubiera, generado por la empresa después de pagar a todos los demás - empleados, proveedores, prestamistas. Cuantas más acciones tenga, mayor parte de los beneficios y de los dividendos potenciales podrá reclamar. Los propietarios tienen ganancias potencialmente ilimitadas, pero también existe la posibilidad de que pierda toda su inversión si la empresa fracasa.

También es importante tener en cuenta el número total de acciones en circulación en cualquier momento. Los accionistas pueden beneficiarse más al ser dueño de una acción de una compañía de 1.000 millones de dólares que sólo tiene 100 acciones (una participación del 1%) que al serlo de 100 acciones de una compañía de 1.000 millones de dólares que tiene un millón de acciones en circulación (una participación del 0,01%).

Cuando la empresa obtiene beneficios...

Las empresas suelen pagar sus beneficios en forma de dividendos, o suelen reinvertir el dinero en el negocio. Los dividendos proporcionan un pago en efectivo a los accionistas mientras que la reinversión de las ganancias ofrece la posibilidad de recibir en el futuro más beneficios provenientes del negocio subyacente. Muchas empresas, especialmente las jóvenes, no pagan dividendos. Las ganancias que obtienen se reinvierten en sus propios negocios.

Uno de los trabajos más importantes del equipo directivo de cualquier empresa es decidir si pagar los beneficios en forma de dividendos o reinvertir el dinero en el propio negocio. Las empresas que se preocupan por los accionistas reinvierten  el dinero únicamente si existen oportunidades interesantes – oportunidades que deben generar una rentabilidad superior a que los accionistas podrían obtener por su propia cuenta.

 

 

Distinto capital, distinto riesgo, distinta rentabilidad

La deuda y el capital propio tienen diferentes niveles de riesgo. Por lo tanto, como vimos anteriormente, cada tipo de capital ofrece a los inversores diferentes oportunidades de rentabilidad. Los acreedores asuman menos riesgos que los accionistas, ya que están aceptando una menor tasa de retorno sobre la deuda que proporcionan a la empresa. Cuando una empresa paga los beneficios generados cada año, a los acreedores se les paga antes que a nadie. Los acreedores pueden quebrar una empresa si esta no tiene el dinero suficiente para cubrir los pagos de los intereses.

En consecuencia, las empresas entienden muy bien que hay una gran diferencia entre recaudar dinero de los acreedores y recaudar dinero de los accionistas. Si una empresa no es capaz de pagar los intereses de un bono corporativo o de reembolsar el principal, está en quiebra. Los acreedores pueden entonces repartirse los activos de la empresa con el fin de recuperar todo lo que puedan de sus inversiones. Todos los activos que quedan después de los acreedores pertenecen a los accionistas, pero a menudo lo que queda (en caso de quiebra) es prácticamente  nada.

Los accionistas asumen un riesgo adicional respecto a los acreedores, ya que sólo reciben las ganancias después de haber pagado a todo el mundo. Si no queda nada, no reciben nada. Sin embargo, si una empresa genera muchos beneficios, los accionistas obtendrán las mayores rentabilidades. No hay límite a sus ganancias. Mientras tanto, los prestamistas van a seguir recibiendo el mismo pago de intereses año tras año, independientemente de lo elevado que sea el beneficio de la empresa.

Rentabilidad del capital y rentabilidad de la acción

El mercado a menudo tarda mucho tiempo en recompensar a los accionistas con una rentabilidad de la acción que corresponda a la rentabilidad del capital de la compañía. Para entender mejor esta afirmación, es crucial diferenciar la rentabilidad sobre el capital de la rentabilidad sobre el valor. La rentabilidad sobre el capital es una medida de la rentabilidad de una empresa, mientras que la rentabilidad sobre la acción representa una combinación de dividendos y revalorización del precio de la acción (plusvalía). Las dos fórmulas siguientes describen los dos cálculos de rentabilidad con más detalle:

 

Rentabilidad sobre el capital = Beneficio / Capital Invertido

Rentabilidad sobre la acción: Rentabilidad total del accionista = Plusvalía + Dividendos

El mercado olvida con frecuencia la importante relación entre el rendimiento del capital y la rentabilidad de la acción. Una empresa puede obtener una alta rentabilidad sobre el capital, pero los accionistas podrían sufrir si la cotización del valor disminuye durante el mismo período. Del mismo modo, una empresa con una pobre rentabilidad sobre el capital puede ver su cotización subir si la empresa se comporta mejor de lo que esperaba el mercado. O incluso la empresa puede estar perdiendo un montón de dinero, pero los inversores están comprando sus acciones en previsión de futuras ganancias.

En otras palabras, en el corto plazo, puede haber una brecha entre cómo una empresa lo está haciendo y cómo se comporta su cotización. Esto es porque la cotización de una acción es función de la percepción del mercado sobre el valor de los beneficios futuros de la empresa. A veces, esta percepción está recogida en el precio; a veces no es así. Pero a más largo plazo el precio de las acciones suele reflejar la evolución del negocio subyacente.

La máquina de votar y la máquina de pesar

El padre del “value investing”, Benjamin Graham, explicaba este concepto diciendo que en el corto plazo el mercado es como una máquina de votar – indicando cuales son las empresas populares e impopulares. Pero en el largo plazo, el mercado es como una máquina de pesar – evalúa lo que vale realmente la compañía. El mensaje es claro: lo que importa en el largo plazo es el comportamiento del negocio subyacente y no la opinión cambiante del público inversionista sobre sus perspectivas a corto plazo.

En el largo plazo, cuando las empresas funcionan bien, sus acciones se comportan bien. Y cuando el negocio de una empresa sufre, las acciones también se verán afectadas.

En conclusión

En definitiva, las acciones son participaciones en las compañías. No podemos insistir más sobre esto. Ser accionista es ser propietario de una parte de la empresa.

A largo plazo, el rendimiento del negocio de una empresa y su cotización convergerán. A largo plazo el mercado recompensa a las empresas que obtienen altos rendimientos sobre el capital. Las empresas que consiguen bajos rendimientos pueden conseguir un rebote ocasional en el corto plazo, pero su rentabilidad a largo plazo va a ser tan pobre como su rendimiento sobre el capital. La riqueza que crea una empresa - medida por la rentabilidad sobre el capital – revertirá a los accionistas en el largo plazo en forma de dividendos o de revalorización de la cotización.

Sobre el Autor Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es